
Escribir sobre el aborto, sus repercusiones y como poder enfrentarse a este evento nos resulta verdaderamente complicado, inicialmente nos puede parecer un tema acotado, podemos pensar que tras el mismo se producen una serie de manifestaciones que remiten con el tiempo o que por el contrario provocan alteraciones mentales irremediablemente. Pero esto no es ni tan sencillo ni tenemos porque aceptarlo sin más. Nos gustaría que analizáramos juntos ciertos aspectos que pueden cambiar tu perspectiva sobre este tema. Y como no, trataremos de dar instrumentos para poder afrontarlo eficazmente.
Cuando nos planteamos la repercusión que puede acarrear el aborto en la mujer y nos adentramos en la literatura científica nos damos cuenta de la variabilidad a la hora de subrayar los efectos de este sobre su salud mental. No pocos autores ratifican las posibles alteraciones que pueden darse ante el aborto, aunque también nos encontramos con los que minimizan las repercusiones que aparecen en la mujer. Nos podemos cuestionar por un lado si efectivamente se produce una afectación en la salud mental de la mujer y por otro, que síntomas provoca (para señalar si estamos dentro de la normalidad).
El aborto es la complicación más frecuente de la gestación. Para algunos autores (J Aznar, G Cerdá. Aborto y salud mental de la mujer (2014). Acta bioethica, 20(2), 189-195) no existe un síndrome posaborto, aunque las mujeres si pueden presentar ciertos trastornos psicológicos. Una de las revisiones citadas en el artículo anterior, señala que ‘el riesgo relativo de padecer trastornos de salud mental, tras un único aborto legal del primer trimestre de un embarazo no deseado y no realizado por razones terapéuticas, no es mayor que el que puede darse en las mujeres que dan a luz por vía natural tras un embarazo’, aunque en el mismo se subraya que algunas mujeres que han abortado presentan depresión, ansiedad, pena y soledad.

También se analiza ‘si en las mujeres que abortan existen trastornos socio-psicológicos previos al aborto, pues, en caso de existir, podrían ser predictivos de una posible respuesta mental anómala tras el acto abortivo’ (Council of Representatives of the American Psychological Association (APA). Report on the Task Force on Mental Health and Abortion. Washington, DC: American Psychological Association; 2008). Siendo el principal factor de riesgo de la aparición de síntomas psicológicos la existencia previa de alteraciones de esta índole en la mujer.
Definimos el aborto espontáneo (AE) como la interrupción de la gestación antes de que el feto sea viable, la OMS incluye la expulsión de un feto de peso menor o igual a 500 gr, que correspondería a una edad gestacional entre 20 y 22 semanas (para la SEGO el límite se situaría en las 22 semanas).
Entre los factores asociados, podemos citar:
- La edad: a mayor edad materna, mayor probabilidad de AE.
- Abortos previos: el antecedente de estos en gestaciones anteriores coincide con un mayor riesgo de su repetición (20% tras un aborto, 28% tras dos y 43% tras tres) (Tratado de Ginecología, Obstetricia y Medicina de reproducción. Ed. Panamericana. Tomo I, pg 501).
- Existe cierta relación con hábitos como son: el tabaquismo, la ingesta de alcohol, café, consumo de drogas, etcétera.
- Patologías maternas previas.
- La realización de técnicas invasivas (como pueden ser la amniocentesis, biopsia corial, etcétera).
Se acepta que la incidencia del AE es del 10 al 15% (en otros artículos se cita de un 10 a un 20%) de todas las gestaciones conocidas, aunque se supone que el porcentaje real es mucho mayor. La mayoría de las pérdidas se produce antes de las 12 semanas. Los síntomas psicológicos pueden ir desde un afrontamiento, que se define como normal, con pena, duda, miedo y frustración a otros más cruentos como la culpa, tristeza, ansiedad, ira y negación. Muchos son los factores que incidirán en la gravedad de la posible repercusión anímica, se acepta que no se vivencia igual un AE a un aborto retenido, y que el apoyo social y familiar juega un papel importante.
Cuando nos referimos al AE, sus causas varían entre un amplio abanico de predictores: anomalías cromosómicas, edad avanzada, infección materna, anomalías uterinas, alcoholismo, tabaquismo, entre otros.
Las secuelas a corto y largo plazo del PAS (post abortion syndrome) que pueden presentarse son: trastornos emocionales/afectivos, trastornos de la comunicación- relacionales, trastorno de la alimentación, del pensamiento, neurovegetativos, del sueño, de la esfera sexual y obsesivos.
La aparición de estos síntomas dependerán de diversos factores: pérdidas anteriores, la fortaleza personal, habilidad para racionalizar la pérdida, antecedentes de alteraciones de la personalidad, etcétera.
Es preciso elaborar el duelo ante la pérdida que se ha producido, de lo contrario, para algunos autores (AS Bunster. Síndrome post aborto y acompañamiento para la superación del duelo) se produce una sintomatología, relacionada con este proceso, patológica: con distres, depresión e incluso afectación del sistema inmune.
Por todo lo anterior, además de la repercusión fisiológica, surgen una serie de manifestaciones emocionales, donde la mujer y su pareja expresan y exteriorizan sus sentimientos más íntimos. Es ahí donde estriba la diferencia entre normalidad de lo patológico, esencial es saber encauzar estas sensaciones y para ello las mujeres precisan experimentar el proceso de duelo y que su entorno (pareja, familia y profesionales) la respalden, con una información adecuada y continua, asegurando su intimidad y permitiendo que su pareja o un familiar comparta este momento tan delicado con ella (BP Bautista et al. Necesidades y sentimiento percibido por las mujeres ante el diagnóstico de aborto espontáneo. Matrona Profesión. 2017).

Otros autores ratifican (A Heredia, R García-Retamero, JA Castilla. Manejo psicológico del aborto de repetición. Departamento de Psicología Experimental, Universidad de Granada. Unidad de reproducción. Complejo Hospitalario Universitario de Granada) que el aborto de repetición (AR) afecta de un 2 a un 5% de las mujeres, siendo considerado como la pérdida espontánea de dos o más embarazos antes de las 20 semanas de gestación. Y su repercusión psicológica conlleva: dolor, angustia y tristeza que puede derivar en elevadas tasas de ansiedad y su subsiguiente alteración psicológica. Siendo importante, para los autores citados, el apoyo marital para afrontar esta situación y el posible sentimiento de culpa de la mujer por la pérdida.
En estas circunstancias se puede producir el duelo* ante el aborto, con reacciones comportamentales y afectivas similares a otras pérdidas, y considerándose normales (estas suelen desaparecer o disminuir a los seis meses posaborto o ante una nueva gestación). Es interesante señalar que desde el inicio del embarazo las mujeres tienen cambios no solo físicos sino también emocionales y del comportamiento, que influirán decididamente en el afrontamiento ante esta situación, debemos dejar de lado los abortos que no se circunscriban a una gestación deseada y aceptada, y por tanto alejados de otras premisas.
*El duelo es un proceso que se realiza tras una pérdida, generalmente de una persona querida, considerándose una fase vital necesaria, dolorosa y común. Por tanto es una respuesta adaptativa natural.
Se recomienda realizar un ritual de despedida (por ejemplo, escribir una carta), también puede ser positivo reforzar habilidades de afrontamiento positivas (para ello podrías precisar el apoyo del psicólogo de tu centro sanitario y de grupos de ayuda mutua de la zona). Es indudable que existen matices nada desdeñables a la hora de establecer este duelo, influirán aspectos como: la edad materna, abortos previos, situación social concomitante, el deseo de ser madre, entre otros.
Se pueden considerar tres períodos que debemos conocer para poder afrontar el posible estrés y síntomas psicológicos que pueden aparecer, y estos son:
- Período de aborto.
- Período de búsqueda de nueva gestación.
- Período de embarazo (donde se incrementa el deseo de que la gestación evolucione positivamente).
La intensidad de las emociones que aparecen en la mujer dependerá de sus valores, creencias, actitudes, vivencias y sistemas de apoyo (familiar y socia). No obstante es preciso que consideres darte tiempo ante esta situación para poder enfrentarte a la misma. Como ya citamos, para algunas mujeres la interrupción del embarazo conlleva sentimiento de pérdida, lo que puede implicar duelo, a esta situación se añaden los cambios hormonales que pueden afectar tu estado emocional.
‘Al principio, puede sentir negación: «Esto no parece real» o «Esto no me puede estar pasando a mí». Después de la negación, puede sentir depresión e ira: «Me siento triste y enojado porque esto me ha pasado». Con el tiempo, la aceptación vendrá a ti’ (Children by Choice). Es importante reconocer que al principio puedes sentirte triste, aunque si persiste e interfiere en tu vida puedes buscar apoyos. Centrate en tus recursos y habilidades para afrontar esta situación, por ejemplo, haz las cosas con las que te sientes bien y disfrutas, de tal forma que te sentirás capaz de manejar estas emociones.

Es por todo lo anterior que los profesionales debemos realizar una labor de apoyo ante esta situación, existen guías que recomiendan el TLC (tender loving care) como instrumento de refuerzo ante este evento. Y ‘se sugiere establecer protocolos hospitalarios de atención interdisciplinaria para una atención integral a las mujeres que enfrentan una pérdida en cualquier etapa del embarazo’ (ME Cardoso, MT Zavala, MC Alva. Depresión y estrés postraumático en mujeres con pérdidas gestacionales inducidas e involuntarias. Pensamiento Psicológico, Vol 15, No, 2017, pp 109-120)
A nuestro juicio, uno de los hechos que puede influir más decisivamente para evaluar la existencia o no de una relación entre aborto y alteraciones de la salud mental de la mujer que ha abortado es la percepción que ella pueda tener de lo que significa el mismo. El sentimiento de culpabilidad, como una posible causa de trastornos de salud mental de la mujer que ha abortado, ya ha sido considerado por algunos autores.
